Con profundo pesar, el mundo taurino despide a Marcos Ortega, el matador mexicano que falleció tras las complicaciones derivadas del infarto cerebral que sufrió en junio pasado. Un hombre que llevó el nombre de México a las plazas más importantes de España y que se convirtió en una leyenda viviente del toreo.
Nacido el 19 de mayo de 1955 en Morelia, Michoacán, Marcos Ortega llegó al mundo en una tierra de tradiciones profundas, donde el valor y la pasión por la fiesta brava corrían por las venas de su gente. Desde muy joven, mostró esa combinación única de valor, arte y dedicación que lo distinguiría a lo largo de su carrera.
Fue Rafael González Chabola quien, con ojo certero de apoderado, vio en el joven michoacano algo especial. En 1973, Chabola lo invitó a España para torear festejos, una decisión que cambiaría para siempre el destino de Marcos Ortega y escribiría una página dorada en la historia del toreo mexicano en tierras ibéricas.
Su talento no tardó en manifestarse. En una tarde memorable, Álvaro Domecq, Andrés Hernando y Marcos Ortega se alzaron con dos orejas cada uno, mientras que Manuel Vidrié cortó las dos orejas y el rabo del novillo que le tocó en suerte. Este festival se convertiría en una de las ferias de novilladas más importantes del planeta taurino, tradición que perdura hasta nuestros días.
Ese triunfo inicial fue apenas el preludio de una campaña extraordinaria. Las puertas se abrieron de par en par para el torero mexicano, quien conquistó plazas emblemáticas como Jumilla, Logroño, Vitoria, Calasparra, Algemesí y Azpeitia en España, además de las francesas Born de Parentis, Ceret, Saint Cyprien, Saint Sever y Aire sur Adour.
Los números hablan por sí solos de la magnitud de su éxito: en ese calendario memorable, Marcos Ortega sumó 31 novilladas, cortando 58 orejas y 9 rabos, con 14 salidas en hombros. Cifras que cualquier torero soñaría alcanzar y que para un mexicano en España representaban algo histórico.
Al año siguiente, con la mira puesta en Madrid, se anunció en varias ocasiones en San Sebastián de los Reyes, logrando llamar la atención de los veedores de la prestigiosa casa Balañá. Este reconocimiento lo llevó a Barcelona, donde toreó seis tardes memorables: cuatro novilladas y dos corridas mixtas.
En tres de esas novilladas formó cartel con figuras de la talla del salmantino Pepín Peña y el alicantino Luis Francisco Esplá. También brilló en la plaza mallorquina de Inca y en el coliseo francés de Arles, cerrando su etapa de novillero con 18 festejos toreados.
Pedro Balañá Espinos le ofreció la alternativa a Marcos Ortega, junto con cinco corridas de toros adicionales: cuatro en Barcelona y otra en Palma de Mallorca. Ángel Teruel fue quien le dio la alternativa en 1975, convirtiendo a Marcos Ortega en el decimonoveno torero mexicano que recibía la alternativa en una plaza de Barcelona, el decimosexto en la Plaza Monumental, y el último en obtenerla en esa plaza hasta el día de hoy.
Marcos Ortega no solo fue un torero excepcional; fue un embajador de México en el extranjero, un hombre que demostró que el valor, el arte y la dedicación no conocen fronteras. Su historia es la de un sueño cumplido, la de un michoacano que conquistó las plazas más exigentes del mundo y se ganó el respeto y la admiración de la afición más conocedora.
Su partida deja un vacío irreparable en el mundo del toreo, pero su legado permanecerá vivo en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de verlo torear y en las páginas doradas de la historia taurina. Marcos Ortega demostró que los sueños, cuando se persiguen con pasión y dedicación, pueden llevarnos más lejos de lo que jamás imaginamos.
Descanse en paz, maestro.