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Decepcionan los Fuente Ymbro en Pamplona | 10/7/2018

López Simón se quedó a cuadros mientras caminaba hacia el alguacilillo al ver que sólo sostenía una oreja. Lo hacía con pasitos quedos como a guisa de las muñecas de Famosa cuando iban al portal. Intentaba no llegar porque estaba convencido de que Maite Esporrín le había concedido dos trofeos y el alguacil sólo tenía una oreja en la mano. Una oreja, no dos, aunque fueron dos las ocasiones en las que asomó el moquero presidencial por el antepecho del palco. En la primera lo escondió a toda velocidad y la maniobra dio paso a toda suerte de especulaciones al quedar en solitario el pañuelo tras sacarlo por segunda vez. Hubo hasta un banderillero de López Simón que pidió el VAR... Pero la decisión de la concejala fue tan irrevocable y lógica como cuerda, fuera producto de un despiste o de una íntima convicción presidencial.

Era el último toro y la plaza había quedado conmocionada por la voltereta seca que le había propinado el fuenteymbro al diestro de Barajas. El coso hervía como una olla a presión. Pero hasta ahí. El toro estaba lesionado de la pezuña y muy acobardado tras la cogida y la tremolina posterior. El matador se pegó un arrimón con él arrinconándolo en tablas pero no hubo ni medio muletazo con una mínima entidad para sostener una salida a hombros por la puerta del encierro. Una oreja al valor del diestro fue un botín absolutamente lógico.

La primera oreja de la tarde se la había anotado Castella con el cuarto, un toro melocotón que deambuló por el ruedo con una sosería impropia de un espécimen bravo. El torero francés estuvo absolutamente a gusto con él en una faena tan larga que antes de entrar a matar ya había escuchado un aviso presidencial. Como era el toro de la merienda, el público asistió con total normalidad a una interminable sucesión de muletazos por ambos pitones. Estocada, bocado a las magras, oreja y un pastelito de nata. La felicidad de Castella se alió al fervor gastronómico.

Una faena insustancial a un toro sin sustancia fue la del primero de Fuente Ymbro, un manso atleta que salió desafiante al ruedo como guardándose su poder con amagos y aspavientos pero que terminó convirtiéndose en un galimatías; si le bajaba la muleta perdía las manos y si lo llevaba a su altura punteaba los engaños. Castella se empeñó en una faena kilométrica cuando en la segunda serie la lidia pesaba como una losa. Toreo en redondo acicalado con pases de pecho y un circular en tres estaciones. Continuó el gallo galo por la izquierda con el toro hecho un mojón. El atleta transmutó en estafermo y ahí quedó el asunto del primer pupilo de Ricardo Gallardo, que sin duda marcó el devenir de la pesarosa tarde.

Perera anduvo tibio con el segundo que salió pregonando su mansedumbre, olisqueando las tablas y defendiéndose en el capote. No hubo partida. Eso sí, en el quinto, un toro complejo y encastado, Miguel Ángel no logró imponerse con la mano izquierda, aunque sumó dos series en redondo estimables. Mató mal y perdió la oreja. El tercero parecía un toro de la Camarga francesa, con su alirada encornadura y sus irreconocibles hechuras. López Simón planteó la faena en cuatro tiempos: en el primero se quejó de que no veía; instantes después lo brindó al público; acto seguido se volvió a quejar de la ceguera y para rematar decidió matarlo buscando los bajos. Imposible entender el mecanismo intelectual que estimuló al diestro de Barajas a brindar al público la muerte de semejante bóvido bicorne.

FICHA DEL FESTEJO

Seis toros de Fuente Ymbro, de pareja presencia y hechuras, con serias cabezas, aunque altos por delante y cortos de cuello la mayoría. Todos dieron un juego descastado y a menos, incluso rajándose, aunque alguno conservó una manejable movilidad, como el cuarto, o cierta emoción en sus ásperas embestidas, como el quinto.

FICHA

Sebastián Castella, de grana y oro: pinchazo y estocada caída trasera (silencio); estocada caída (oreja tras aviso).

Miguel Ángel Perera, de azul pastel y oro: estocada baja (silencio); media estocada muy baja (ovación tras aviso).

López Simón, de azul pavo y oro: media estocada tendida trasera (silencio); estocada trasera atravesada (oreja con petición de la segunda).

Sexto festejo de abono de los Sanfermines, con lleno en los tendidos (unos 20.000 espectadores) en tarde de viento racheado.

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