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Ventura reconquista también Granada | 3/6/2018

Nueva puerta grande en la trayectoria imparable de Diego Ventura, empeñado en hacer de 2018 la temporada que condense todo lo recorrido, todo lo conseguido y todo lo que es. Y se nota en los ambientes de las plazas de toros por las que pasa: hay una certeza que se presiente. La certeza de que nadie quedará indiferente ante lo que haga el Genio. La seguridad del propio público de que se divertirá, de que se irá lleno a casa, de que encontrará la recompensa a su expectativa. Es la fiabilidad de quien ha hecho del éxito su hábitat natural y el darlo todo cada tarde de toros, su único forma posible de concebir el ejercicio de su arte. Y Granada hoy ha sido notaria de todo ello. Haber pinchado a su primer toro le dejó, probablemente, sin las dos orejas que sí le cortó al quinto.

Un astado de Benítez Cubero, como lo fue también el segundo de Pallarés, que se apagó como de golpe, claudicando al poder del torero. Lo recibió a portagayola con la garrocha a lomos de Lambrusco y, aunque le costó al toro calentarse, la insistencia de Diego, el llegarle mucho y echarle el palo tan a la cara para tirar de él, le permitió cubrir dos vueltas completas al anillo de la Monumental Frascuelo. Había percibido Ventura ya entonces cuánto le costaba al cubero tirar hacia adelante, por lo que acudió al mago que todo lo puede, Nazarí, con el que sacó de la chistera de sus inmensos recursos la herramienta infalible del temple para imantarlo al estribo y llevarlo toreado a dos pistas a milímetros prolongando incluso más de lo que podía durar la embestida del cuatreño. Sucumbió éste a partir de ahí al mando de la cabalgadura, también, porque el fondo de la raza lo tenía demasiado en reserva. Siguió toreando el jinete de La Puebla del Río con Importante, invadiendo para clavar lo terrenos del toro y saliendo de las suertes con ajustadas piruetas que apasionaron a Granada. Como las rosas que dejo con Remate antes de recetar un rejón definitivo para hacerse con el doble premio y, por él, con la Puerta Grande de Granada, que es la nueve en las diez corridas que suma por ahora en su temporada.

Ese doble premio, como ayer en Aranjuez, pudo y debió llegar ya tras la faena a su primero, mansito y justo de raza también, al que pinchó. Por eso sólo la ovación. La recibió con Guadalquivir para recetar un solo rejón de castigo tras comprobar el torero que no había mucha cera que le alumbrara. Inició el tercio de banderillas con Universo, que derrochó pulso y sentido de la lidia al torear de costado muy hilado el de Pallarés al estribo y que se expresó también con el valor que exigía la condición renuente del astado para esperar a tenerlo muy cerca y clavar primero y salir con piruetas a continuación. Fue espectacular por tantas cosas la primera banderilla que ejecutó con Nazarí después de haberlo conducido a dos pistas, cuadrarse y batir ante los pitones casi sin enmendarse y hacer la suerte todo en uno. Iba el toro ya a menos en ese punto y hubo de arriesgar Diego Ventura para provocar el embroque y clavar. Que el toro llegara ya tan parado a ese final le puso mucho mérito al carrusel de cortas al violín con Remate, en la que todo corrió por cuenta del rejoneador. Lástima del pinchazo hondo que precedió al rejón entero y el descabello posterior porque tuvieron la culpa de que el premio se redujera a una ovación.

Granada

Ovación y dos orejas, Pallarés y Benítez Cubero

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