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Falsas Apariencias.. Reflexiones Taurinas | 16/7/2017

Escurrí el bulto negándome a escribir sobre el tema porque se abrirá La Caja de Pandora y se desatarán los mengues. No es que me asuste la bestia liberada, pero francamente no dispongo de suficiente tiempo vacante para atender convenientemente la avalancha que se puede venir. Sin embargo alguien tiene que decir la verdad porque, de lo contrario, las consecuencias pueden ser catastróficas e irreversibles.

En efecto, no había querido pronunciarme sobre el cierre ¿definitivo? de la placita de novilladas Cinco Villas. El asunto tiene más aristas y trasfondo del que aparenta. Una columna no bastará para abordar los ángulos más importantes: la postura del empresario del pequeño coso, la de las agrupaciones de toreros (matadores y subalternos), la de los principales empresarios, casas de apoderamiento, la de un sector de los ganaderos y, por encima de todo, el futuro de la fiesta brava en México. Sin pretender agotar el tema, me acotaré hoy a lo que el espacio periodístico me permita con el compromiso de continuar en la próxima.

Discrepo con las razones esgrimidas por el propietario y empresario del coso, LUIS MARCO SIRVENT. Soy consciente de que la inmensa mayoría de aficionados y del medio taurino está de su parte considerándolo un héroe, una víctima y un mártir. Es difícil no adquirir ese noble prestigio de magnánimo benefactor sí se construye una placita de toros tan bonita, si se ofrecen novilladas cuando casi nadie se anima a montarlas generando esas tan necesarias oportunidades para los toreros en formación sin cobrarles un centavo, permitiendo el acceso gratuito del público y con la única condición de donar alimentos para un orfanato que dirige una religiosa.

El antecedente de la placita Cinco Villas era únicamente un ruedo donde Don LUIS y sus amigos calmaban sus ansias de aficionados prácticos. Fiestas privadas, en familia. Pero al extender sus generosas intenciones de dar festejos públicos y de luces, ingresó a una nueva dimensión. Una dimensión que le mereció muchos aplausos (incluyendo los de este escribidor) pero que -quizá no le dijeron- también le obligó a contraer nuevas responsabilidades irrenunciables.

En el momento de programar novilleros pertencientes a la Asociación de Matadores, al requerir subalternos encuadrados en la Unión de Picadores y Banderilleros y al comprar novillos de ganaderías de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, estaba adquiriendo también el compromiso de RESPETAR y CUMPLIR un cierto número de tradiciones centenarias, de estatutos y de acuerdos de la Fiesta organizada. Porque ya no se trataba de una fiesta privada. Y porque algunas tradiciones de siglos, estatutos y acuerdos tienen una razón de ser, un propósito útil y necesario. Lo mismo que en cualquier empresa no taurina se deben respetar y cumplir disposiciones, obligaciones, leyes y reglamentos internos y externos.

Tampoco se piense que vengo a quebrar una lanza en defensa incondicional de todas las acciones de las agrupaciones. Pero de ellas hablaremos la próxima semana.

Al presentar un espectáculo público e integrarse a un sistema organizado, el empresario, por muy dueño que sea del coso y del evento, no le autoriza para decidir cuántos puyazos debe recibir un novillo, ni es quien para ordenar cuándo se debe conceder o negar una oreja aunque el juez de plaza sea su amigo y empleado. No es correcto caer en esas y otras autoritarias arbitrariedades como tampoco lo es, cuando un aficionado legítimamente exprese su inconformidad por semejantes injusticias y atropellos contra los novilleros, que se le envíe una gavilla de gorilas para humillarlo y expulsarlo de la plaza. Todo eso se llama soberbia y prepotencia aunque alimente a los huérfanos y llene las despensas de la monja.

No, eso no es serio, ni deseable, ni benéfico. Pretender hacer y deshacer a su antojo, en flagrante abuso de autoridad, con aires de arrogancia y pedantería en un festejo taurino, a lo único que puede llevar es a caer en el repugnante papel de un HERRERÍAS de bolsillo.

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