Los de Brito Hablaron en La México

Por Luis HERNANDEZ

La dos caras de la fiesta se han vivido este domingo durante la séptima novillada de Temporada en La México: el triunfo, al cortar la única oreja el español Miguel de Pablo y el fracaso, Jaime Adrián tras escuchar los tres avisos, que a la postre le llevaron a la decisión de cortarse la coleta en el centro del ruedo.

Antonio Galindo fue el tercer espada y pese a estar bien poco dijo su quehacer, ahogado en el silencio. Un ejemplar claro, otro de escasa fuerza y el resto, complicados envió la ganadería de Brito.

De Pablo impactó con su expresión torera, desde el abreplaza, en el manejo de capote, con sello, elegancia y empaque, y sobre todo con sus Recortes hacia los adentros. En un par de Dosantinas había puesto en alto el panorama al torear por derecha; lamentablemente un Goyetazo le arrancó el premio.

Sin embargo ante un  serio y bien armado colorado le fue encontrando lo bueno al pisarle el terreno. Parones y el recoger embestidas hacia su cuerpo, selladas con sus personales Recortes, se fueron hacia arriba con Chicuelinas al paso para ponerlo frente al caballo de Jorge Morales, realizando picador y novillero un “Dos en Uno”, al quitar a un mismo ritmo un Tirón y rematar con magistral Recorte, en la suelta de una punta de capote.

Así, paulatinamente fue limando la dureza de “Vasco” para torearlo con la muleta por los dos lados y culminar por Alto, Los vistosos momentos no opacaron la estocada caída y le premiaron con una oreja.

El subaltero Edmundo Navarro, de nueva cuenta, se llevó los aplausos al cambiar templadamente a una mano al novillo de un burladero a otro, dentro de lo sobresaliente del tercero de la tarde que exhibió el verdor de Jaime Adrián. Bajonazo alertador del silencio.

Y frente a otro duro hueso se opacó el Oro del afamado Quite ante la movilidad en pleno embroque. La desconfianza fue en aumento al sufrir desarmes constantes y la debacle no esperó al tomar el acero hasta hacer sonar los tres bocinazos. Jaime se fue a los medios y ahí le desprendieron el añadido en señal de retiro.
Antonio Galindo tuvo en su primero un astado que se paró a media faena desangelándolo, pese al buen puyazo de César Morales. Bajonazo y silencio.

Le paró al quinto de la tarde que en su nombre llevaba el peligro, “Tomato” y vaya que traía lo suyo, ese tomatito picoso. En una tanda de muleta fue desbalanceado al perder la vertical, aun así Galindo logró dos excelentes tandas, muy puras, en redondo, una por Derechazos y la otra, de Naturales, pero más que disfrutar lo hecho parecía angustiarlo, por lo que no hubo eco en los mil aficionados que soportraon la lluvia, únicamente en este turno. Entera, mejor colocada que la De Pablo, sin repercusión, perdiendóse entre tibias palmas.

El poder con el paquete de verse vestido de luces, a algunos les saca la casta, y a otros, la vergüenza; por fortuna, esta vez honesta.